viernes, 11 de diciembre de 2009

“En 2015 podremos haber suprimido totalmente la transmisión madre a hijo del VIH”


Dr. Michel Kazatchine, director del Fondo Mundial de lucha contra el sida, la tuberculosis y la malaria

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“En 2015 podremos haber suprimido totalmente la transmisión madre a hijo del VIH”
11 Diciembre 2009 · Rafael Pérez Ybarra. Madrid


Dr. Michel Kazatchine, director del Fondo Mundial de lucha contra el sida, la tuberculosis y la malaria
Desde 2002, el Fondo Mundial de lucha contra el sida, la tuberculosis y la malaria ha distribuido más de 12.375 millones de euros en 140 países para apoyar programas a gran escala de prevención, tratamiento y atención contra estas 3 enfermedades. Sin embargo, en estos momentos afronta una situación complicada, puesto que necesita 4.000 millones de euros para desarrollar sus proyectos en 2010, año en el que se volverá a convocar una conferencia de donantes para asegurar su financiación para el período 2011-2013. Así lo ha reconocido su director, el Dr. Michel Kazatchine, en una reciente visita para participar en el X Aniversario de la Fundación para la Investigación y la Prevención del Sida en España (FIPSE).

–¿Cómo piensa el Fondo obtener ese dinero necesario para cumplir con los programas diseñados para 2010 en una situación de crisis económica global?
–La financiación del Fondo Mundial se establece cada 3 años en las conferencias de reabastecimiento. En la última, celebrada en 2007 en Berlín, el Fondo recibió para el período 2008-2010 10.000 millones de euros. En esa fecha no sabíamos cuáles serían las demandas en 2009 y 2010; se debatieron distintos escenarios y se estimó que si se trabajaba bien y con intensidad necesitaríamos 15.000 miles de millones de euros para los 3 años, pero sólo recibimos esos 10.000 millones. Desgraciadamente, ahora sabemos que nuestros cálculos eran los correctos.

–Es evidente que falta dinero, ¿cómo van a solucionar este problema para no cancelar los proyectos en marcha?
–Lo que se ha decidido es hacer un llamamiento para 2010. En octubre de 2010 se desarrollará una nueva conferencia de reabastecimiento y hemos decidido utilizar los fondos previstos para 2011 en 2010. Es algo que hacen muchos gobiernos. El mensaje es confuso; por un lado, estamos contentos porque vamos a disponer de recursos para los proyectos de 2010, como los hubo en los años anteriores, al anticipar las demandas. Sin embargo, el dinero que vamos a tomar prestado en 2011 corrobora que es necesaria una gran conferencia de reabastecimiento para octubre de 2010.

–No obstante, estas predicciones se realizaron antes de la crisis económica mundial…
–En primer lugar, no debemos olvidar que la crisis económica afecta tanto a los países donantes como a los que reciben los fondos. Incluso se puede decir que el impacto de la crisis es mayor en los más pobres, porque en tiempos de crisis económica son estas naciones las que tienen más difícil mantener sus programas sociales y sanitarios. Lo que podemos decir es que a fecha de hoy ningún donante ha cancelado sus aportaciones al Fondo Mundial, excepto Holanda que ha reducido su aportación en 14 millones de euros; es más, algunos países como EE.UU., Bélgica o Kuwait han incrementado sus contribuciones. Por un lado, ningún donante ha manifestado su intención de acabar con ese “agujero” de 4.000 millones de euros, pero sí respetarán los acuerdos de 2007. A pesar de la crisis, todos los países van a mantener sus aportaciones.

–¿Qué puede pasar en 2010 en la conferencia de reabastecimiento? ¿Tendrán los países donantes el mismo compromiso que en 2007?
–Estamos preocupados por el impacto que podría tener la actual crisis económica sobre la conferencia de reabastecimiento. Tememos que repercuta de alguna manera en el Fondo y eso sería una tragedia, porque estamos empezando a ver los resultados de nuestros proyectos y muchos de ellos han tenido un gran éxito: millones de personas están recibiendo tratamiento para el VIH/sida, se ha reducido la mortalidad por sida, por malaria… Hemos demostrado que si el mundo actúa de una forma conjunta se pueden obtener grandes resultados. No hay que olvidar que hace apenas 5 años, sólo 300.000 personas recibían tratamiento antirretroviral en los países pobres y hoy en día son ya más de 4 millones. Los países donantes deben saber que si mantienen o aumentan sus contribuciones, en 2015 podremos haber suprimido totalmente la transmisión madre a hijo del VIH. Por eso, la conferencia de 2010 es clave; si no obtenemos la financiación, no podremos cumplir con los objetivos del milenio acordados por todas las naciones en la ONU.

–¿Y los países pobres? ¿Qué responsabilidad asumen en la lucha contra estas enfermedades?
–También los países en desarrollo tienen una serie de objetivos marcados. En 2001, determinaron que para 2010 su gasto sanitario debería ser del 15% de sus presupuestos nacionales. Algunos han ido en esta dirección, como Burkina Faso, pero otros están muy lejos de alcanzar este objetivo. Ellos, al igual que los que forman el G-20 o el G-8, tienen que hacer esfuerzos y cumplir sus propios objetivos. Además, si se mueven en esa dirección obligarán a los donantes a actuar. Si presentan programas y proyectos bien definidos, el Fondo podrá demandar más dinero a los donantes. Sobre todo, porque hemos demostrado que los recursos que administramos pueden salvar 3.000 vidas al día, 100.000 al año. ¿Qué podemos decirles a los países pobres? Cumplan sus compromisos, sigan presentado proyectos y, por último, tomen la voz en el Fondo Mundial.

–¿Cuál es el papel actual de España en el Fondo Mundial?
–España es un país extraordinariamente dinámico. El Gobierno español, como ya ha demostrado, tiene un compromiso con el Fondo Mundial y puede jugar un papel muy importante en la próxima conferencia de reabastecimiento.

–¿Se puede ser optimista?
–Desde luego que el contexto no es optimista, pero no podemos rendirnos. Nuestra fuerza se basa en los resultados obtenidos en todo este tiempo. Si viajas ahora a África, y se compara con hace 10 años, se aprecian importantes cambios en VIH, en malaria y en tuberculosis. Tenemos confianza en nuestro sistema de financiación de proyectos, al que llamamos “financiación basada en el rendimiento”. Es un sistema muy transparente; imagínese, por ejemplo, que se decide que un país reciba 50 millones de dólares para administrar 10.000 tratamientos. En ningún caso se da toda la ayuda de golpe. Se le darían, por ejemplo, 5 millones, con la condición de que lleguen a 200 pacientes. Y sólo entonces se le entregaría el siguiente tramo.

Y, por último, nuestro sistema será capaz, siempre que se mantenga y se expanda, de lograr los objetivos del milenio en 2015. Por ejemplo, podremos eliminar virtualmente la mortalidad causada por la malaria; o en sida podríamos reducir el impacto de la epidemia con programas de prevención y tratamiento. Y para esto hace falta dinero, que desde luego es mucho menos del que los gobiernos de los países ricos han dado a los bancos para sostener el actual sistema financiero occidental.

–Desde el Fondo Mundial se propone un sistema sanitario mundial. Sin embargo, son muchas las voces que critican este modelo.
–Hay un debate ideológico que personalmente no me gusta. Muchas personas creen que los programas de ayuda a los países más pobres no funcionarán si antes no se construyen sistemas sanitarios capaces de coordinar las ayudas. Es decir, desarrollar primero las estructuras sanitarias para tener después la salud. Y creemos que ésta no es la mejor forma de hacer las cosas. Se deben hacer al mismo tiempo. En el Fondo Mundial sabemos que es fundamental tener esas estructuras sanitarias, pero que se pueden construir al mismo tiempo. Casi un 25% de nuestros fondos se han invertido en construir sistemas de salud en los países más afectados, necesarios para que nuestros proyectos puedan ser eficaces.

–Además de la financiación del Fondo Mundial, ¿a qué otros retos se enfrenta durante su etapa de director?
–Me preocupa mucho encontrar la forma en que podremos avanzar hacia un modelo de sostenibilidad. Y además, también estamos trabajando en un sistema que garantice nuestras colaboraciones con las ONG locales. El Fondo Mundial no tiene trabajadores en los países en los que se emplean sus fondos. El control está a cargo de las autoridades de cada país y de las distintas organizaciones que trabajan en cada programa. Este sistema funciona muy bien en algunos países, pero no tanto en otros. La fortaleza de nuestro modelo radica en que son los países que reciben el dinero los que lo controlan, pero esta puede ser también nuestra debilidad. Nuestro reto debe ser reforzar este sistema de alianzas.

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