MAGNETOENCEFALOGRAFÍA PARA DETECTARLo
Mapas de conectividad sin invasión alguna para el diagnóstico en Alzheimer
Las técnicas de imagen han avanzado mucho en los últimos años, pero siguen teniendo dos grandes retos: ser menos invasivas aún y poder cooperar en la consecución de un diagnóstico más precoz. Ambos objetivos podrían lograrse con el uso de la magnetoencefalografía para el diagnóstico de patologías como el Alzheimer, en las que anticiparse es vital.
David Rodríguez Carenas | 29/03/2012 00:00
Fernando Maestú y Francisco del Pozo. (Elekta)
Por eso en este tipo de diagnóstico surge el uso de la magnetoencefalografía (MEG), que "detecta la patología en etapas tempranas cuando aún no hay deterioro de la memoria objetivada por pruebas neuropsicológicas; muchas personas controles acumulan proteína beta amiloide sin desarrollar la enfermedad", según Fernando Maestú, director del Laboratorio de Neurociencia Cognitiva del Centro de Tecnología Biomédica (CTB) de la Universidad Politécnica de Madrid.
- En el interior de la cámara donde se lleva a cabo la prueba se está mejor que fuera
Cuestión de tiempos
Según Francisco del Pozo, director del CTB, la gran esperanza de esta técnica se encuentra precisamente en el diagnóstico precoz de este tipo de enfermedades, "aunque aún hay que concretar cuán precoz puede ser". De esto se encargan proyectos internacionales como Magic-AD, en el que participan seis laboratorios de todo el mundo, entre ellos el CTB. "Nosotros recibimos las señales de otras máquinas de Elekta. Sin saber nada de esos casos, debemos confirmar los modelos diseñados aquí", añade Maestú. Si el grado de etiquetado alcanza un 85-90 por ciento de éxito, se confirmaría la eficacia de la herramienta, aunque su efectividad habría que probarla en un gran ensayo en enfermedad de Alzheimer, por ejemplo.
Siguiendo con las ventajas de la MEG, Maestú apunta hacia su alta resolución temporal: "Puede hacer análisis de frecuencias. Las neuronas tienen un código de disparo que la resonancia magnética (RM) y la PET no ven bien". El problema es que en España "hay pocos equipos funcionando".
Del Pozo explica la tecnología: "La actividad neuronal son cargas en movimiento que producen campos magnéticos, detectados por los magnetómetros. Con una estructura espacial homogénea, la propagación de los campos magnéticos no cambia. La correspondencia entre fuente y efecto es esencial para reconstruir el fenómeno causante".
- La esperanza de esta técnica está en el diagnóstico precoz, pero aún hay que concretar esa precocidad
Aquí aparece una de las claves de la técnica. El fenómeno causante se produce de forma natural. "No inducimos nada", aclara Maestú. "Es muy parecido a un electroencefalograma, pero incluso sin electrodos en la cabeza. Dentro de la cámara donde se realiza la prueba se está mejor que fuera". El comentario de Maestú no es exagerado: la habitación tiene un material que impide la entrada de los múltiples campos magnéticos que nos rodean. Sólo se registran los del cerebro y el corazón del paciente. Al contrario que en la RM, no se crea un campo magnético sino que se detecta el que hay.
Esa búsqueda de una tecnología no invasiva, con resolución en frecuencia y que valore la conectividad, fue el origen de esta técnica. Se trata de una necesidad surgida en los años noventa para suplir las carencias de la PET, la RM funcional y la electroencefalografía, según Maestú. El objetivo era aunar unas buenas resoluciones temporal y espacial. "La MEG capta la actividad desde el primer milisegundo y realiza mapas de conectividad de forma más sencilla".
Evolución
La primera indicación fue, a mediados de los noventa, la epilepsia. La FDA aprobó la localización de la actividad epiléptica y del mapeo funcional prequirúrgico. Viendo el rendimiento, se pasó a estudiar su uso en Alzheimer. A su vez, "ha llevado a realizar estudios en ictus, traumatismos craneoncefálicos y patologías psiquiátricas, cubriendo la falta de signos neurofisiológicos. También se está probando de forma experimental en trastorno por déficit de atención con hiperactividad y autismo". Otro campo potencial es la oncología, prediciendo recidivas y viendo cómo el tumor afecta a la conectividad. En cualquier caso, "hay que aportar muchas evidencias. Es tiempo de iniciar ensayos internacionales. En epilepsia ya los hay incluso clínicos".
El CTB está inmerso en proyectos como el Alzheimer 3Pi (ver DM del 24-II-2012). En ellos es muy importante la colaboración con otros centros, como los hospitales Ramón y Cajal, 12 de Octubre y Clínico San Carlos y el Centro de Prevención de Deterioro Cognitivo, todos de Madrid, además de empresas privadas. El objetivo final -recuerda Maestú- es "conseguir herramientas, marcadores, que se puedan llevar a la clínica. Se abaratarían los costes en el diagnóstico y en la validación de las terapias". Para hallar esta traslación al completo "hay que cumplir los criterios de la medicina basada en la evidencia. No lo veo lejos; los equipos ya son capaces, lo que falta es concretar las aplicaciones".
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