martes, 22 de octubre de 2019

La ciencia en el síndrome del intestino irritable



La ciencia en el síndrome del intestino irritable
Una serie de factores genéticos, psicógenos e, incluso, infecciosos influyen en el llamado síndrome del intestino irritable. La edad media de la aparición de esta enfermedad es entre los 20 y 29 años
El hecho de que el síndrome del intestino irritable sea un trastorno funcional en el que la persona que lo padece no tiene alteraciones de tipo morfológico, metabólico o infeccioso que, en principio, puedan considerarse motivo de enfermedad, hace que el diagnóstico se complique. Ésta es la opinión del doctor Fernando Gomollón, vicepresidente de la Asociación Española de Gastroenterología. Esta sociedad ha organizado unas sesiones científicas para actualizar los conocimientos en patologías digestivas.

Síntomas digestivos
El paciente sufre una sintomatología clínica que se reconoce por estreñimiento, diarrea o alternancia de ambas. «Estos trastornos, junto con dolores abdominales crónicos o intermitentes, sensación de náuseas e hinchazón abdominal constituyen los síntomas más claros de la enfermedad», explica el doctor Gomollón. El síndrome del intestino irritable puede tener un impacto importante en la capacidad laboral, familiar y social, fundamentalmente por el estado de debilidad que impone grandes restricciones en la vida de estos pacientes. El pudor y la ansiedad de algunas personas afectadas les lleva a un aislamiento social y a evitar muchas actividades.

Tratamiento
Los especialistas destacan que el tratamiento puede implicar actividades de educación, reafirmación personal, consejos dietéticos, así como de estilo de vida y terapia psicológica. El diagnóstico de este trastorno debe basarse también en la presencia de criterios positivos. La valoración se lleva a cabo a partir de, al menos, doce semanas, en el último año con malestar o dolor abdominal que presenten las siguientes características: alivio con la defecación, inicio asociado a un cambio en su frecuencia y asociación con una alteración en el aspecto de las heces. Igualmente uno o más de los siguientes síntomas están casi siempre presentes en una cuarta parte de las ocasiones: frecuencia anormal de las defecaciones (más de tres al día o menos de tres a la semana); forma anormal de las heces; ritmo de defecación anormal; eliminación de mucosidad e hinchazón o sensación de distensión abdominal.
Por lo que se refiere al tratamiento farmacológico, además de los medicamentos espasmolíticos, los antidiarreicos y los procinéticos, entre otros, diversos grupos de investigadores están desarrollando nuevos fármacos dentro del grupo de los antagonistas de la serotonina.
Es importante tener en cuenta la posibilidad de otras enfermedades asociadas para descartarlas. Las más frecuentes son gastritis, infecciones inflamatorias, intolerancias, déficit de enzima DAO, virus, flora disbiótica y parásitos.

Más allá del síndrome irritable: la enfermedad de Chron y la genética

Dos equipos científicos, uno europeo y otro estadounidense, éste co-liderado por el español Gabriel Núñez, de la Universidad de Michigan, han identificado el primer gen implicado en la enfermedad de Crohn

El descubrimiento, culminado de forma independiente por ambos equipos, constituye un avance de primer orden para comprender los complejos factores involucrados en esta enfermedad inflamatoria crónica que afecta habitualmente al intestino delgado, generalmente a su parte distal, aunque también puede dañar el intestino grueso y el colon. La causa de la enfermedad de Crohn es aún desconocida. Aunque se ha investigado el papel de la dieta o el estrés emocional, la hipótesis mayoritaria sostiene que, en estos pacientes, el sistema inmune tiene una reacción desmedida contra bacterias o virus presentes en el tracto digestivo, iniciando una inflamación descontrolada y crónica del intestino.
Desde hace tiempo, los científicos han sospechado la existencia de factores genéticos, aunque son determinantes en la mayoría de casos. La investigación que publicará el patólogo Gabriel Núñez en «Nature» desvela la existencia en el cromosoma 16 del primer gen que confiere susceptibilidad a esta enfermedad. El equipo estadounidense analizó material genético de 416 familias, entre las cuales había 797 casos. La búsqueda se centró en una región de ese cromosoma porque había indicios de que ocultaba un gen implicado. En una alta proporción de pacientes, los análisis revelaron mutaciones en el gen Nod2, que ocasionaban una deficitaria producción de una proteína fundamental para que el sistema inmune reconozca y responda a los componentes de algunos tipos de bacterias. Los investigadores sospechan que esas mutaciones, presentes en toda la población aunque con una frecuencia dos veces menor que en los pacientes con la enfermedad de Crohn, producen a la postre una respuesta incontrolada del sistema inmune ante la presencia de microorganismos que habitan en el intestino.

Este descubrimiento establece una conexión entre los factores genéticos, la respuesta inmune y las bacterias, abriendo una puerta al futuro desarrollo de nuevas vías para intentar paliar la enfermedad restaurando los niveles de la proteína Nod2. Sin embargo, esta tarea de investigación terapéutica llevará su tiempo. Actualmente existen varios fármacos que controlan la enfermedad, con ayuda de una dieta adecuada.




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