GENÉTICA
Alargar los telómeros podría elevar el riesgo de cáncer
La premio Nobel de Medicina de 2009 Elizabeth Blackburn comenta los resultados de los últimos estudios sobre la longitud telomérica.
María Sánchez-Monge. Madrid | 26/10/2015 15:28
Elizabeth Blackburn,Premio Nobel de Medicina 2009. (José Luis Pindado)
El conocimiento de la relación de los telómeros con el envejecimiento y el cáncer abre nuevas perspectivas terapéuticas. Sin embargo, los últimos estudios publicados muestran que el empleo de tratamientos directos para alargar los extremos de los cromosomas no estaría exento de riesgos.
Un fármaco que ayudase al mantenimiento telomérico podría prevenir enfermedades cardiovasculares, pero al coste de aumentar el riesgo de cáncer. En declaraciones a Diario Médico, Elizabeth Blackburn, de la Universidad de California en San Francisco, ha expuesto las implicaciones de los últimos hallazgos sobre los telómeros y la telomerasa, por cuyo descubrimiento recibió el Premio Nobel de Medicina en 2009, junto a Carol Greider y Jack Szostak.
Blackburn, que ha acudido a Madrid para pronunciar una conferencia en la XXXIV Lección Memorial de la Fundación Fernández-Cruz, celebrada en el Hospital Clínico San Carlos, se ha referido a las investigaciones que muestran que las personas cuyos leucocitos presentan unos telómeros más cortos tienen una probabilidad tres veces más alta de fallecer en los siguientes siete años.
La científica ha añadido que ese mayor riesgo, reflejado en el denominado estudio de Copenhague, publicado este año en el Journal of the National Cancer Institute, se mantiene tras ajustar todos los factores: "La cifra es de un 40 por ciento más posibilidades de fallecer en los individuos que se encuentran en el extremo inferior en cuanto a longitud telomérica, en comparación con quienes tienen los telómeros más largos". Este estudio se realizó con casi 65.000 individuos de la población general.
El equipo de Blackburn ha publicado resultados muy similares basados en una muestra de 100.000 individuos. "Es una población con un rango de edad muy amplio -de 20 a 95 años- y aun así vemos esa tendencia global". No obstante, advierte de que se trata de "un aspecto interesante desde el punto de vista de la salud pública, pero no en términos clínicos".
Genes implicados
De todas formas, agrega, "hay datos muy buenos de estudios genéticos en poblaciones que revelan que hay genes implicados; no muchos, pero sus efectos son muy claros". Muestran que una determinada combinación de variaciones genéticas puede elevar significativamente el riesgo cardiovascular.
De todas formas, agrega, "hay datos muy buenos de estudios genéticos en poblaciones que revelan que hay genes implicados; no muchos, pero sus efectos son muy claros". Muestran que una determinada combinación de variaciones genéticas puede elevar significativamente el riesgo cardiovascular.
"Los genes marcan una diferencia en cuanto al riesgo cardiovascular. Por supuesto, eso es algo que ya se sabía, pero éstos son genes que conocemos exactamente lo que hacen: que los telómeros sean más cortos".
Otros estudios relacionan esas variaciones genéticas con un mayor riesgo de Alzheimer. Con todos estos datos, concluye Blackburn, lo lógico es plantearse un objetivo: "Queremos hacer que los telómeros sean más largos". No obstante, se apresura a desalentar, de momento, la búsqueda de fármacos con este propósito. "No tan deprisa. En los últimos años también se han apreciado resultados contradictorios en el riesgo de cáncer".
En concreto, el estudio de Copenhague reveló que los individuos con variantes genéticas asociadas a una mayor longitud de los telómeros tenían un riesgo superior de ciertos cánceres (glioma, cáncer de pulmón no microcítico y melanoma). "No son la mayoría de los cánceres, pero son importantes".
Estos hallazgos complican una posible estrategia farmacológica para alargar los extremos de los cromosomas, que actuaría favorablemente sobre el riesgo cardiovascular y de Alzheimer, entre otros, pero podría elevar el peligro de cáncer. "La cuestión es cómo hacerlos más largos en las células apropiadas y en cuáles acortarlos".
Por lo tanto, las estrategias directas quedan descartadas hasta que avance el conocimiento. Pero siempre se puede recurrir a las armas que se sabe que funcionan, tal y como han corroborado los estudios de Blackburn:actividad física, una buena alimentación, evitar la el estrés... Uno de sus estudios más recientes apunta hacia la meditación como una manera de mantener los telómeros en forma.


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