lunes, 3 de febrero de 2014

Cáncer, la gran C mayúscula | Cáncer | EL MUNDO

Cáncer, la gran C mayúscula | Cáncer | EL MUNDO

La pareja de Jennifer, A. Merendino, fotografió su vida con el...

La pareja de Jennifer, A. Merendino, fotografió su vida con el cáncer. A. MERENDINO


4 DE FEBRERO Día Mundial contra el Cáncer

Cáncer, la gran C mayúscula

  • El cáncer es tal vez la enfermedad más icónica y fotografiada

  • Pacientes y expertos explican qué lleva a autorretratarse



Entre las imágenes en blanco y negro de Susan Sontag desnuda y mastectomizada en la bañera, retratada en la intimidad por su pareja -Annie Leibovitz-, y las fotografías almibaradas de niños y mujeres con cáncer, calvos y sonriendo desde alguna campaña publicitaria, media un completo -y complejo- universo iconográfico. La enfermedad más fotografiada, la tuberculosis del siglo XX (y desgraciadamente también del XXI), celebra este 4 de febrero su día mundial, una fecha en la que se hablará de cifras, de avances, de recortes que merman los avances, de pacientes que sobreviven y, en menor medida, de pacientes que mueren de cáncer.
Decía la propia Sontag en su libro La enfermedad y sus metáforas(publicado inicialmente en forma de ensayo en The New York Review of Books en 1977) que enfermedades como el cáncer (o la tuberculosis un siglo antes y el sida unos años después de aquel primer libro) marcan a la sociedad de una manera tan profunda que acaban convirtiéndose en una metáfora de la sociedad misma. "El cáncer es de alguna manera una enfermedad semi-maldita y, como decía Sontag, es la mejor metáfora de nuestro tiempo", coincide el filósofo Javier Sádaba. "La palabra asusta y, pese a que la enfermedad está muy dominada es, de alguna manera, el pirata que tiene a la muerte al lado".
En el momento de escribir su obra, la escritora neoyorquina ya había superado un cáncer de mama a sus 42 años, pero aún debería enfrentarse dos décadas más tarde a un sarcoma uterino y, ya cumplidos los 70 a un tipo de cáncer sanguíneo que acabaría finalmente con su vida.
Ella es tal vez la protagonista de las imágenes más descarnadas que se han publicado sobre el cáncer, una enfermedad fotografiada hasta la saciedad "pero siempre dentro de un círculo muy estrecho", como reconoce el doctor Ricardo Cubedo, oncólogo del Hospital Puerta de Hierro de Madrid y buen aficionado a la fotografía.
Si el lector googlea la Red en busca de imágenes sobre el cáncer "se encontrará 20 o más fotografías de mujeres y niños antes de encontrarse la imagen de un varón joven", explica este especialista, que reconoce que la imagen del hombre no abunda precisamente en el universo iconográfico del cáncer. "Tal vez el único ejemplo en el que ellos son los verdaderos protagonistas es la campaña Movember de concienciación del cáncer de próstata y testículos. Pero el resto de tumores, que no sean netamente masculinos, casi siempre están protagonizados por mujeres, como ocurre en muchos mensajes publicitarios". Una idea que comparte Sábada: "Cuando se quiere comunicar algo más profundo, casi siempre se recurre a la mujer, ella es más mostrable, transmite cierta estética, cierta sensibilidad...".
Cubedo señala que esas imágenes se mueven entre dos extremos muy marcados, "la foto en rosa, almibarada, de pacientes sonrientes en la que todo es idílico y, por otro, las imágenes en blanco y negro, tremendistas, de pacientes en estado terminal". Toda la franja gris que hay en medio prácticamente no existe: el día a día de los pacientes, la rutina del acto médico, la cotidianeidad de la quimio, el médico explorando al paciente... apenas existen en el universo fotográfico de esa gran C mayúscula que es el cáncer. Quizás la excepción más notable de ello es la mastectomía (mujeres de nuevo), cicatriz descarnada en el centro de la feminidad que retrató como nadie Matuschka en su famoso autorretrato Beauty out of damage y, más recientemente, David Jay en su proyecto Scar (cicatriz en inglés).

El cáncer cotidiano

Ana Esteban, autora de la obra 'Cuando un ángel te visita'.
Tino Soriano es posiblemente el fotógrafo español que más se ha acercado a esa cotidianeidad. En 1991 se adentró por encargo de la Fundación Enriqueta Villavechia en el día a día de los niños con cáncer. "Pensamos que las imágenes [El futuro existe, 1992] serían un buen medio de explicarles a las familias de estos niños cómo iba a ser el tratamiento", cuenta a EL MUNDO. Veinte años más tarde, esta vez en color, colaboró con la misma fundación para mostrar en un libro benéfico cómo habían cambiado las terapias oncológicas infantiles en esas dos décadas (David contra Goliat, 2010). "Los iconos han hecho mucho", defiende, al mismo tiempo que explica que el cáncer tiene aún un estigma que no acompaña a otras enfermedades. "Retratar la hipertensión o los problemas de corazón es mucho más difícil que retratar el cáncer", admite.
Tal vez por eso mismo, o por los cambios físicos que provoca en el paciente, el cáncer es también la enfermedad más autorretratada, por el paciente o por alguien muy cercano (el fotógrafo malasio Ahmad Yusni captó dramáticamente los últimos 39 días de vida de su hermano). De nuevo con excepciones, son más frecuentes los trabajos de hombres que fotografían a sus parejas (como Angelo Meredino, autor de La batalla que no elegimos) o pacientes (mayoría de mujeres) que se alían con la cámara para captar su evolución física, y en ocasiones también espiritual o social que lo tiñe todo.
Como Antonio Segura (autor del blog Mi vecino, el cáncer) o Ana Esteban, a quien un linfoma le hizo reencontrarse con su cámara fotográfica sólo un mes después del diagnóstico. El resultado son ocho fotografías, que ella califica de "espirituales", en las que se retratan ocho momentos clave de los seis meses de tratamiento. "Para mí fue una herramienta de autoexploración, de meditación, de introspección...". Dice Sádaba que el autorretrato de un proceso así tiene algo de ego, de vanidad, pero también de mucha valentía. Y Esteban no lo niega: "La fotografía marca de alguna manera la diferencia entre existir o no existir. Te estás entregando a algo, que en ese momento no sabes aún si es la vida o la muerte, y estés como estás, estás ahí".
Desde luego, coinciden todos, el cambio físico que ocasiona el cáncer, bien por la desfiguración de las cirugías, la pérdida del cabello, las cicatrices... tiene mucho que ver con esa necesidad de darle visibilidad. Así lo expresa Esteban en su web: "Intuitivamente retraté cómo mi imagen se desvanecía, cómo me iba despersonalizando y mi identidad estaba en cuestión (debido a la pérdida de cabello, cejas y pestañas) mientras mi esencia, mi yo interior, tomaba fuerza y se expresaba con nueva energía. Junto a esta exploración existencial surgía también la necesidad de visibilidad, de ser reconocida en la mirada ajena que me esquivaba porque les resultaba demasiado dolorosa. Este trabajo muestra todo aquello de mi ánima que esos ojos lejanos no se detuvieron a ver: la dignidad, el valor, el respeto y la estima que acompañan al miedo y al dolor que tanto les asustaba".

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