http://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoID=79838
Dres. Kotchen TA, Cowley Jr. AW, Frohlich ED. http://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMra1212606 | ||||||||||
Introducción La importancia de la sal (cloruro de sodio, Cl Na) para la vida se reconoce desde hace miles de años. Históricamente, el valor de intercambio de la sal fue esencial para determinar las rutas comerciales, asegurar alianzas y provocar revoluciones. En estados con insuficiencia de sodio, el deseo de sal induce el consumo de sodio- una respuesta conductual innata y motivada que impulsa a buscar y consumir alimentos y líquidos que contengan sal. Sin embargo, habitualmente se consume más sal de la que realmente se necesita y es difícil distinguir entre el deseo y la necesidad de sal. En el consumo de sal influyen también el gusto, la cultura, las costumbres sociales, la amplia disponibilidad de sal y los hábitos, independientemente de la necesidad de sal. A pesar de su valor histórico y de su importancia fisiológica, se sabe que el alto consumo de sal es perjudicial para la salud. Consumo de sal y presión arterial: La alimentación hipersódica contribuye a la hipertensión en numerosas especies animales. Las personas que viven en comunidades no industrializadas, con bajo consumo de sal, tienen presión arterial baja que aumenta poco con la edad. Cuando estas poblaciones adoptan hábitos de vida modernos, la presión arterial aumenta. Estudios clínicos proporcionan evidencia definitiva de una relación causa-efecto directa entre el consumo de sal y la presión arterial. Varios metanálisis de estudios clínicos aleatorizados mostraron que las personas hipertensas responden más a la disminución del consumo de sal que aquéllas con presión arterial normal. En un metanálisis de 10 estudios controlados con 966 niños (mediana de edad, 13 años), la reducción del 42% del consumo de sal se asoció con reducciones pequeñas, pero significativas, de la presión sistólica y diastólica. Estudios con restricción intensa y abrupta de la sal mostraron aumentos significativos en la actividad de la renina plasmática, las concentraciones plasmáticas de aldosterona, noradrenalina y adrenalina, colesterol total y triglicéridos. Estas respuestas neurales y hormonales pueden tener consecuencias cardiovasculares adversas. Estudios que evaluaron la disminución prolongada (> 6 meses) modesta del consumo de sal mostraron sólo aumentos pequeños de la actividad de la renina y poco o ningún cambio en el tono simpático o las concentraciones plasmáticas de lípidos.
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