miércoles, 29 de abril de 2009

MELANCOLÍA


Un interno fotografiado hace treinta y tres años en el desaparecido Institut Mental de la Santa Cruz de Barcelona.

JANO.es - ELSEVIER
ESPAÑA
Humanidades médicas
Sobre el origen de la melancolía
José Lázaro

Profesor de Humanidades Médicas en la Universidad Autónoma de Madrid. Autor de Vidas y muertes de Luis Martín-Santos (Premio Comillas, Tusquets, 2009).

24 Abril 2009
Un término con una trayectoria rica, larga y compleja


La imagen de Tino Soriano



Dejemos a los investigadores futuros la historia de la realidad melancólica y planteemos una breve reflexión sobre la historia de los saberes médicos acerca de la melancolía. Para lo cual tendremos que centrarnos, sobre todo, en la historia de la palabra y del concepto.

Entre los términos que en la historia de la medicina tienen una trayectoria rica, larga y compleja, está sin duda el de “melancolía”. ¿Pueden extraerse de una historia tan amplia unas cuantas ideas generales que, además de ayudar a entender el sentido de tan ilustre palabra, ayuden también a entender el trasfondo de problemas que hoy se encuentran con frecuencia en cualquier consulta médica? ¿Y puede hacerse en unas pocas páginas? Quizá puede al menos intentarse, sobre todo si recordamos que Eugenio d’Ors fue capaz de escribir La historia del mundo en quinientas palabras.1

La historia de la melancolía no es la historia del concepto de melancolía

Una cosa es lo que les pasa a los enfermos y otra bien distinta lo que los médicos piensan que a los enfermos les pasa, por qué (piensan los médicos) a los enfermos les pasa lo que les pasa y cómo (según los médicos) les pasa a los enfermos lo que les pasa.

Debemos, entre otras muchas cosas, a Pedro Laín Entralgo, dos expresiones de enorme utilidad: con ellas distingue, por un lado, la historia de la realidad del enfermar y, por otro, la historia de los saberes médicos sobre la enfermedad. Un autor que ya se ha consagrado por sus espléndidas publicaciones sobre historia de la psicopatología, Germán Berrios, de la Universidad de Cambridge, ha elaborado un planteamiento historiográfico que puede perfectamente ser entendido como un desarrollo de la citada distinción de Laín.

Berrios mantiene que debemos considerar como tres problemas distintos la historia de las palabras (es decir, de los términos con que designamos los síntomas, los síndromes y las enfermedades), la historia de los conceptos (es decir, de las nociones teóricas que se manejan o se han manejado sobre esos síntomas, síndromes y enfermedades) y la historia de la conducta (behaviour) (entendida como los cambios observables en los actos y en las expresiones de los enfermos).2,3 Esta última correspondería (con diferentes matices) a lo que Laín llamaba la “historia de la realidad del enfermar”, mientras que las dos primeras quedarían englobadas, según el planteamiento de Laín, en la “historia de los saberes médicos sobre la enfermedad”.4

Al decir que la historia de la melancolía no es la historia del concepto de melancolía se está intentando expresar una importante distinción metodológica: una cosa es lo que a lo largo de la historia les ha ocurrido a los enfermos melancólicos (es decir, lo que en diferentes épocas y lugares esos enfermos han sentido, han hecho y han dicho) y otra cosa muy distinta es lo que los médicos de esos lugares y esas épocas han querido expresar con la palabra “melancolía”, (es decir, lo que los médicos han pensado sobre las causas, los mecanismos, la evolución o el tratamiento indicado para esos enfermos que ellos llamaban melancólicos).

Hay autores que sostienen que las características de los enfermos melancólicos se han mantenido con pocas variaciones a lo largo de la historia. Ya en el prefacio de un libro muy conocido sobre la historia de la melancolía se encuentra la siguiente observación: “Desde un primer momento atrajo mi atención el grado de estabilidad y coherencia de los conjuntos de síntomas y signos que se conocían con el nombre de melancolía y depresión”.5 Desde la perspectiva de estos autores, no habría grandes diferencias entre los enfermos que hoy son diagnosticados de “depresión melancólica” y los que hace veinticinco siglos hicieron escribir al autor de uno de los aforismos hipocráticos que “si el miedo o la tristeza duran mucho tiempo, tal estado es propio de la melancolía”.6

No ocurre lo mismo en el caso de otros conceptos psicopatológicos clásicos. El psicoanalista francés Jacques Lacan, tras observar la diferencia entre las pacientes que acudían a su consulta en la segunda mitad del siglo XX y las que Charcot había descrito a finales del XIX, se preguntaba: “¿Dónde están las histéricas de antaño?”. También podríamos nosotros preguntarnos por qué razón Lacan no se preguntó, en cambio: “¿Dónde están los melancólicos de antaño?”. Y podríamos respondernos que quizá porque los melancólicos de antaño están entre nosotros, quizá porque la histeria (la realidad del enfermar histérico) es el prototipo de enfermedad cambiante, la histeria es móvil cual pluma al viento, y en cambio la melancolía podría ser el prototipo de una enfermedad estable a lo largo de los siglos.

Quizá la realidad de los enfermos llamados melancólicos ha sido muy parecida desde los tiempos de los hipocráticos hasta la actualidad. Quizá. Es una hipótesis plausible. Pero no podemos saberlo con seguridad, porque la historia de la realidad del enfermar mental está prácticamente sin hacer, y es tan interesante como difícil de hacer. Por el contrario, se ha publicado una gran cantidad de trabajos sobre la historia conceptual de la enfermedad mental, mucho más fácil de estudiar, pues sus fuentes están en las publicaciones de los médicos antiguos, más accesibles que la realidad de los enfermos mentales de otras épocas.

Por tanto, hasta que se disponga (si es que alguna vez se logra) de una buena historia conductual de la realidad del enfermar mental, no tenemos sobre esta última más que sugerentes (y más o menos plausibles) hipótesis de trabajo. Pero nada de “evidencias”, como dirían los despistados que confunden el término inglés evidences (pruebas) con el español “evidencia”, de significado radicalmente distinto.

Dejemos, por lo tanto, a los investigadores futuros la historia de la realidad melancólica y planteemos una breve reflexión sobre la historia de los saberes médicos acerca de la melancolía. Para lo cual tendremos que centrarnos, sobre todo, en la historia de la palabra y del concepto (en el sentido de Berrios antes mencionado).

Para la medicina antigua, la melancolía es un mal de origen físico

Como es bien sabido, la concepción predominante en la medicina clásica, la teoría humoral, mantenía que el cuerpo humano está formado por elementos líquidos, los cuatro humores célebres: la sangre, la flema o pituita, la bilis amarilla y la bilis negra. Mientras los cuatro humores se mantenían en su estado y su equilibrio natural, el cuerpo conservaba la salud. Cuando se alteraba el equilibrio natural de los humores, o se producía la corrupción de alguno de ellos, surgía la enfermedad. La causa de la melancolía sería el predominio anormal o la corrupción de la bilis negra.

Constantino el Africano, una figura clave de la Escuela de Salerno en el siglo XI, fue autor de un texto (De melancholia) que ya en su primera página recoge perfectamente esta concepción clásica de la enfermedad: “La melancolía perturba el espíritu más que otras enfermedades del cuerpo. Una de sus clases, llamada hipocondríaca, está ubicada en la boca del estómago; la otra clase está en lo íntimo del cerebro. Los accidentes que a partir de ella suceden al alma, parecen ser el temor y la tristeza. Ambos son pésimos porque confunden al alma. (...) Cuando los efluvios de la bilis negra suben al cerebro y al lugar de la mente, oscurecen su luz, la perturban y sumergen, impidiéndole que comprenda lo que solía comprender, y que es menester que comprenda. A partir de lo cual esta desconfianza se vuelve tan mala, que se imagina lo que no debe ser imaginado y hace temer al corazón cosas terribles”7.

En este hermoso texto hay una expresión llamativa: “los efluvios de la bilis negra”. Se refiere a una idea con la cual los humoralistas van a llegar a explicar el contagio de la melancolía. La corrupción de la bilis negra produciría vapores morbosos que a veces “suben al cerebro y al lugar de la mente”, y que otras veces extienden la corrupción al aire que está en contacto con el cuerpo del enfermo. Este aire corrompido era considerado como “vapores miasmáticos”, capaces de transmitir la enfermedad a quienes se acercaban demasiado al melancólico.

De un texto de 1616 recoge Starobinski el caso de un cristiano piadoso que, en lugar de acudir a los oficios de Semana Santa, se queda a rezar en casa, “temiendo respirar en la iglesia una cantidad excesiva de melancólicos vapores, exhalados por los fieles arrepentidos”.8 La vieja idea que vincula la enfermedad al pecado cada vez que es expulsada por la puerta regresa por la ventana. Y con ello también se complican las cosas, pues si está claro el concepto clásico de que un trastorno del cuerpo (la alteración de la bilis negra) produce males del alma (el miedo y la tristeza persistentes, que desde los escritos hipocráticos se atribuyen a los melancólicos) la idea del pecado como causa hace asomar también la tesis de que quizá la melancolía puede a veces tener su raíz en el alma. Pero no fue el pecado, sino el amor, lo que dio relieve a esta tesis. Para ello tuvo que entrar en la historia del concepto de melancolía otro concepto distinto, pero solo parcialmente distinto: el mal de amores. Y, aunque sea en parte la misma, la suya es otra historia.

“La historia de la realidad del enfermar mental está prácticamente sin hacer, y es tan interesante como difícil de hacer”.

Referentes históricos
Constantino el Africano (c.1020-1087) era de origen cartaginés, una zona por entonces dominada por el Islam, y conocía en profundidad, además del latín, lenguas como el griego, árabe y varias orientales. Gracias a ello, tradujo al latín 37 trabajos médicos árabes y fue invitado a unirse a la Escuela Médica Salernitana, la primera de Europa, por Alfano I. De esta forma ayudó a reintroducir los grandes conocimientos que de la medicina griega clásica tenían los musulmanes.

Bibliografía
1. D´Ors, E.: “La historia del mundo en quinientas palabras”, en: La civilización en la historia, Madrid, Ediciones Españolas, s.f. [1943], pp. 13-22.
2. Berrios, G. E.: “Historiography of mental symptoms and diseases”, History of Psychiatry, 1994; 5 (18): 175-190.
3. Berrios, G. E.: The history of mental symptoms. Descriptive psychopathology since the nineteenth century. Cambridge: Cambridge University Press, 1996.
4. Laín Entralgo, P.: Historia de la medicina, Barcelona, Salvat, 1978.
5. Jackson, S. W.: Melancholia and Depression - From Hippocratic Times to Modern Times. (Trad. esp.: Historia de la melancolía y la depresión. Desde los tiempos hipocráticos a la época moderna, Madrid, Turner, 1989, p. 11).
6. “Aforismos”, VI, 23. En: Tratados Hipocráticos, Madrid, Gredos, vol. I, p. 284.
7. Constantino el Africano: De Melancholia, Buenos Aires, Fundación Acta, 1992, p. 15.
8. Starobinski, J.: Le traitement de la mélancolie des origines á 1900. (Trad. esp.: Historia del tratamiento de la melancolía desde los orígenes hasta 1900, Basilea, Geigy, 1962, p. 41).

* Este trabajo se inscribe en las actividades del proyecto de investigación FFI-2008-03599.

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