entrevista a Gonzalo Herranz
"La vida moral, de respeto y resiliencia"
Gonzalo Herranz, considerado el maestro de la ética y días antes de recibir un homenaje en el Colegio de Navarra, repasa para DM los escenarios morales de la profesión.
G.E. | dmredaccion@diariomedico.com | 16/09/2013 00:00
Gonzalo Herranz, profesor de Bioética en la Universidad de Navarra (Juan Miguel Ochoa de Olza)
La enseñanza de la ética sigue siendo marginal en las facultades de Medicina, pese a que -como indica Herranz en entrevista con DM- "la ética debería seguir al médico como la sombra al cuerpo. Los auténticos profesores de ética son los médicos de los hospitales clínicos. Es ahí donde los alumnos y los residentes ven la ética médica en acción: los ejemplos y los contraejemplos que les modelan como agentes morales. Si presenciaran muchos buenos ejemplos, cambiarían muchas cosas".
- En los hospitales clínicos los residentes ven los ejemplos y contraejemplos que les modelan como agentes morales"
A la vez, la ética es una garantía de la independencia de los profesionales respecto a las gerencias. "El sistema prefiere controlar el cumplimiento de tareas que educar en ética; prefiere ofrecer incentivos materiales que fomentar la conciencia y la libertad de los médicos. Hemos visto hace poco el espectáculo de algunos hospitales ingleses arrastrados por la dinámica del incentivo económico: ciertas autoridades del servicio nacional de salud han tentado a los médicos con cebos innobles. Y, por desgracia, algunos respondieron embolsándose esos beneficios marginales a costa de abandonar a sus enfermos".
Respeto y resiliencia
Cuando a Herranz se le pregunta sobre qué aconsejaría a los estudiantes de Medicina o a los MIR, matiza enseguida que "lo que pudiera decirle a los alumnos que empiezan sería impropio decírselo a los de quinto o sexto año", pero su conclusión no ofrece espacio para la duda: "Les diría que lo grande de ser médico es respetar profundamente a los pacientes, sentir con convicción honda que los pacientes, todos y cada uno, son lo importante en su trabajo. No se trata sólo del respeto cortés de los buenos modales, sino el respeto ético y antropológico: la veneración por el enfermo es una respuesta plenamente profesional, una fuente de energía ética para el médico".
- El mayor enemigo de la ética vivida es el médico satisfecho de su conducta; aquel que piensa que nadie tiene que enseñarle nada"
"En el mundo de la educación médica empieza ahora a hablarse de la resiliencia, de la capacidad psicológica de aguantar golpes, de rehacerse tras ellos. Es esa resiliencia una virtud necesaria para la práctica médica, hecha, a su vez, de humildad y fortaleza. La vida moral del médico es una vida de respeto y resiliencia".
El suicidio asistido
Uno de los ámbitos en los que Herranz ha forjado su trayectoria son las instituciones internacionales, desde la Asociación Médica Mundial y el Comité Permanente de Médicos de la Comunidad Europea a la Academia Pontificia para la Vida o el Comité Internacional de Bioética de la Unesco.
Precisamente una de las novedades jurídicas de rango internacional con repercusiones éticas procede del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que el pasado mayo dictaba una sentencia en la que cambiaba su tradicional oposición a la eutanasia por una nítida apertura a la licitud del suicidio asistido.
- Al estudiante de Medicina le diría que lo grande de ser médico es respetar profundamente a los pacientes. La veneración por el enfermo es una fuente de energía ética"
Dar entrada al suicidio asistido "sacrifica el principio básico de una sociedad civilizada de respetar la vida de todos sus ciudadanos. El respeto de toda vida humana es un principio innegociable que incorpora la igualdad, el igualitarismo de que todo ser humano es intangible, cualesquiera que sean las circunstancias culturales, étnicas o de salud en que vive cualquier persona".
Y entraña un fracaso moral de la entera sociedad, añade Herranz: "El que asiste al suicida le está diciendo: tú ya no vales, ya no nos importas, eres para nosotros una carga insoportable. Que un tribunal conceda estatus legal a esa actitud es una regresión deplorable".
El papel de los colegios
Ante desafíos éticos o asistenciales con impacto social es cuando cobran especial relevancia los colegios de médicos, institución que el profesor honorario de la Universidad de Navarra defiende: "Creo que es necesario que los médicos formen una comunidad moral, es decir, hagan pública profesión de los compromisos éticos que comparten y a los que se comprometen, y proclamen delante de todos la responsabilidad que asumen de exigirse recíprocamente calidad científica y humana en su ejercicio profesional. Ese es el verdadero sentido de la confraternidad profesional, la antípoda del corporativismo".
Los intereses prioritarios de esta institución "no son laborales o salariales (para eso están los sindicatos), ni tampoco políticos de partido, sino intereses de humanidad, ética y competencia. El colegio existe para ayudar al médico a dar la talla y ganar legítimamente reconocimiento social; para crear un estilo humano de responsabilidad y dignidad profesional".
No se trata de meras aspiraciones reservadas al universo inaprensible de los ideales. Herranz aprecia "avances sensibles en los últimos años. La organización colegial es una estructura cada vez más democrática, con más fuerza moral, con más autoridad ante la ciudadanía. Empezamos a superar el tiempo de la indiferencia, de los médicos que viven olvidados de su colegio, a los que les da lo mismo que la gobierne Fulano o Mengano, cuando esa indiferencia hacía precaria, casi vegetativa, la existencia de la organización".
Las comisiones deontológicas deberían "estar más presentes en la vida colegial", a través de "programas de educación continuada en ética y deontología para los colegiados, o seminarios, permanentes o no, sobre la ética local, de los hospitales y las prácticas enclavados en el territorio colegial". Pero, sobre todo, "deberían gozar de iniciativa libre para detectar y estudiar los problemas del ejercicio profesional, para oír muchas voces. En algunos colegios forman parte de la comisión de deontología personas que no son médicos.
Proceden, sobre todo, del campo jurídico, y eso no está mal. Pero sería bueno oír también la voz de los pacientes y de otros agentes sociales. En los organismos disciplinarios médicos de algunos países europeos, casi la mitad de sus miembros son no-médicos. Es una experiencia digna de consideración".
La relación con las directivas debe basarse en el respeto mutuo. "Sería absurdo pensar en comisiones independientes de las juntas directivas, o enfrentadas a éstas, para el caso de dictaminar los asuntos que les asignan los estatutos de cada colegio. Eso presupone que su imparcialidad, objetividad y autoridad moral sean respetadas y tenidas en cuenta por los directivos. Pienso, sin embargo, que para las tareas de iniciativa propia, para funcionar como conciencia ética del colegio, una robusta independencia es necesaria".
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