lunes, 23 de mayo de 2011

Josefina y una cirugía que abre caminos - lanacion.com  

Operación inedita / Le reconstruyeron una válvula cardiaca en Boston
Josefina y una cirugía que abre caminos
Había nacido con una malformación; viajó con un médico de la Fundación Favaloro, que aprendió la técnica y ahora la aplica en el país

Lunes 23 de mayo de 2011 | Publicado en edición impresa.
Fabiola Czubaj
LA NACION


La semana terminó con buenas noticias para Josefina. Finalmente, después de pedirlo una y otra vez, su médico le dio ese tan ansiado sí para retomar no sólo las clases de circo, sino también las de baile clásico y latino.

El último jueves, sus padres y la profesora presenciaron felices cómo ella volvía a disfrutar de los ejercicios en el suelo y en el trapecio.

¿Quién diría que esa nena tan activa, que adora hacer acrobacias trepada en telas que cuelgan del techo, pasó en los últimos ocho años por tres cirugías -dos en los Estados Unidos- para corregir una malformación cardíaca capaz de causar la muerte súbita sin síntoma alguno? Pero hoy, a los 11 años, es la paciente que abrió caminos para que en el país se pueda aplicar una técnica inédita para ayudar a grandes y chicos con una alteración congénita de la válvula aórtica, que es la que permite que la sangre oxigenada llegue a todo el organismo.

"La conocí cuando tenía dos años -recordó el doctor Rubén García, jefe del Servicio de Cirugía Cardiovascular Infantil de la Fundación Favaloro-. Cuando vi los estudios, no fue muy grato porque se trataba de un problema grave en el lado izquierdo del corazón, causado por el síndrome de Schone, que es poco frecuente. En ese momento, tenía riesgo inminente de muerte súbita."

En Josefina, el síndrome hizo que la válvula aórtica contara con sólo dos de las tres valvas que normalmente se abren y cierran coordinadamente para que la sangre renovada que los pulmones envían al corazón pueda seguir camino por la aorta hacia todos los órganos y no regrese. Pero eso no era todo, el canal de salida del ventrículo izquierdo debajo de la válvula aórtica estaba muy cerrado, lo que ya impedía el paso de la sangre.

Entonces, el primer paso fue liberar quirúrgicamente ese canal para evitar la muerte súbita. Con mucho cuidado, García y su equipo eliminaron con un bisturí el tejido sobrante debajo de esa pequeña válvula. Con esto, la niña recuperó un buen estado de salud. Pero, al año, aparecieron nuevos signos de preocupación.

No sólo se le había detenido el crecimiento del anillo aórtico, sino que también se había dañado la válvula mitral, que permite la entrada al corazón de la sangre oxigenada desde los pulmones. Esto le provocó hipertensión pulmonar.

Dos años después de la primera intervención, Josefína necesitaba una mejor solución para su válvula aórtica bicúspide. "La cirugía indicada en ese caso era más agresiva que la que terminamos utilizando", explicó García a La Nacion.

Prácticamente, había que "desarmar" el lado derecho del corazón para reparar el lado izquierdo. Entonces, comenzaron las consultas con el doctor Pedro del Nido, director del Departamento de Cirugía Cardíaca e investigador del Children's Hospital de Boston, Estados Unidos.

"En la Argentina, no se podía realizar la cirugía y, con el respaldo de la Fundación Favaloro, el doctor García nos orientó para determinar qué expertos en el mundo podían intervenir en esta enfermedad valvular tan compleja que provoca un cierre inadecuado de una válvula muy importante del lado izquierdo del corazón, la que más fuerza y trabajo realiza para sostener la vida. Porque cuando esa válvula no cierra bien impide que el organismo esté bien oxigenado", comentó el doctor Antonio La Scaleia, presidente del Instituto de Obra Médico Asistencial (IOMA), la institución gracias a la cual fue posible realizarle las intervenciones a Josefina.

Camino a Boston

En el hospital de Boston, Del Nido recién estaba empezando a trabajar con una nueva técnica reconstructiva, con un fragmento de la membrana que recubre el corazón (pericardio) y tiene la capacidad de regenerarse.

Con esa técnica, llamada "tricuspidización de la válvula aórtica bicúspide", se fabrica la valva faltante. Una sutura más fina que un cabello la sujeta a la válvula, de modo que pueda realizar un movimiento de bisagra. Con una maquinita parecida a una afeitadora, se tallan con una lupa de gran aumento y con muchísimo cuidado las otras dos diminutas valvas para que las tres encajen perfectamente. Todo, con una cirugía a cielo abierto, mientras el corazón sigue latiendo y un equipo especial produce imágenes tridimensionales de la válvula para detectar cualquier falla y solucionarla en el momento.

Todo parecía indicar que Josefina, ya de cinco años, necesitaba la cirugía más agresiva, en lugar de esa reconstrucción no menos compleja. Pero ninguna se podía hacer: la primera, porque no había óxido nítrico para el postoperatorio y, la otra, porque no se hacía acá. Así, el médico, Josefina y los padres se subieron al avión.

"En el quirófano, cuando Del Nido vio a la paciente, decidió hacer la tricuspidización. Eso le devolvió el funcionamiento normal de la válvula y mejoró su calidad de vida sin medicación -recordó García, que aprendió la técnica y la está aplicando en el país-. ¡Ya en Buenos Aires, después del alta, hasta esquió, e hizo circo y baile!"

Servicio de mantenimiento

Hace dos meses, con 11 años, Josefina, sus padres, sus tres hermanos y su médico regresaron a Boston para realizarle algo así como un "servicio de mantenimiento" de la flamante valva.

"La válvula reconstruida comenzó a no cerrar bien y la sangre volvía al ventrículo, lo que producía una insuficiencia aórtica. Normalmente, estas reconstrucciones plásticas duran entre siete y nueve años porque, aunque sean de tejido propio, no son naturales", precisó García.

El día del cumpleaños de Josefina, la casualidad hizo que su médico utilizara por primera vez la técnica en el país en una nena con el mismo síndrome y problema valvular de su primera paciente.

Y ya hay dos más en lista de espera. "Lo único que diferencia a estos chicos de los otros de su edad es una cicatriz en el pecho. Nada más", indicó García que, de ahora en adelante, también podrá reparar esas reconstrucciones con su equipo.

Lejos de todo esto, el jueves pasado Josefina estaba contenta de retomar su rutina. Pero más lo estaban sus padres, Alejandra y Jorge.

"Siempre fue muy activa y tratamos de que hiciera actividad deportiva -dijo la mamá-. Además de circo, hace baile clásico, los miércoles, y baile latino, dos veces por semana, porque le gusta mucho bailar. En el colegio, le va muy bien... fue abanderada varias veces."

Al ser la más chica de cuatro hermanos, Josefina es la debilidad del papá. "Cuando necesitan algo, saben que ella lo consigue -admitió Jorge, feliz-. Es una bendición verla cómo está ahora. Tuvimos que navegar por aguas muy turbulentas."

Además de la salud de Josefina, lo importante es que sus cirugías posibilitaron la llegada al país de un procedimiento que cambia, según los expertos, la historia de la cardiopatía congénita más común. "Si tuviera que pasar por todo esto de nuevo -lanzó Alejandra, decidida-, volvería a hacerlo porque también pudimos ayudar a otros chiquitos."


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